Todos eran buenos chicos
Y ahora quién se acuerda…

Y ahora que todo ha acabado
Que tu vida cae en picado
¿Quién te va a querer ahora?
¿Quién te va a querer ahora?

Y ahora que la luz del día
Brilla sobre tus pupilas
¿Quién se va a creer tu historia?
¿Quién se va a creer tu historia?


El artista del alhambre*


Doy gracias por aquellos días de mi vida. A veces necesito hablar de ellos con la gente que los vivió conmigo para ver que, por ilusorios que parezcan, fueron reales.

Me gusta el no tener que decir cómo me siento. Me gusta recordar las miradas cómplices que lo significan todo. Me gusta parar delante de un lugar y ver que el tiempo se para y que lo puedo manejar a mi antojo. Me gusta poder tocar lo que toqué hace años y sentir en la palma de mi mano que está exactamente igual.
¿Cómo un lugar puede significar tanto?

Reunirme con lo que fue mi vida es un viaje al pasado. Es como si fuera volver a un puerto en mitad de una tormenta; es un instante, pero todo cambia.

La cosa es que, cuando abandonas todo aquello que has amado en vida, ya nada te importa, y no sé cómo hacer para que me vuelva a importar.

¿Alguien tiene una máquina del tiempo?

domingo, 20 de junio de 2010 en 4:48 , 0 Comments

Recuerda lo que dijo no sé quién: En Italia, en treinta años de dominación de los Borgia, hubo guerras, matanzas, asesinatos... pero también Miguel Ángel, Leonardo y El Renacimiento. En Suiza, por el contrario, tuvieron quinientos años de amor, democracia y paz. ¿Y cuál fue el resultado? ¡El reloj de cuco!

El tercer hombre*

Esta frase de la película El Tercer Hombre, protagonizada por Orson Welles, me dió mucho que pensar.

Nos enfrentamos a un cambio radical, el más grande de nuestra época, pero tampoco parece que nadie le de la importancia que realmente tiene. ¿A caso no somos conscientes por qué no estamos preparados para esto o por qué no lo vemos, directamente? Y en tal caso, ¿cuál de entre estas opciones es peor?

El mundo gira, se mueve y cambia, y el hombre, pequeña e insignificante mota, no puede cambiar el universo y su equilibro. Pienso que hay fuerzas que están por encima de nosotros y que, paradógicamente, muchas han sido creadas por nosotros.

Somos el único ser vivo creativo, sólo nosotros transformamos el medio e incluso la naturaleza; eso es lo que nos hace en parte divinos. Sin embargo, ese potencial cuántas veces está al servicio de lo peor de nuestra especie.
Puede que, algún día, el ser humano recobre la inocencia y cree por el simple hecho de crear, pero eso será cuando tome conciencia de lo que esa palabra implica. Crear no es hacer algo y punto, es dejar parte de ti en ese algo, y hacerlo con los cinco sentidos, con la vista en el futuro y, sobre todo y ante todo, con amor. Quizá sea necesario, como dice la frase de arriba, un clima extremo para que de él surjan los más grandes acontecimientos. Cuando las cosas se ponen feas, nuestro instinto habla y, personalmente, creo que es más sabio que la razón o los sentimientos. El instinto es la voz misma de la Naturaleza.

Sinceramente, no sé si prefiero un ambiente de armonía en el que no sea testigo de la grandeza del ser humano o, por el contrario, tener que vivir calamidades pero presenciar a cambio la capacidad creadora de los hombres. Porque, ¿merece la pena la vida sin contemplar la creación y la destrucción que ella misma implica? La vida es un todo, y conocer parte de ese todo es no haber vivido.


Ya lo dijo A.Einstein: "En tiempo de crisis tan sólo la imaginación podrá salvarnos"

jueves, 17 de junio de 2010 en 14:55 , 0 Comments